Restaurante Casa de las Piedras

Hospederia Casa de las Piedras

La Hospederia, situada en el centro del pueblo, es el resultado de la unión de varias casonas típicas de la vida señorial existente en los años de apogeo industrial que tuvo Grazalema durante el siglo XIX.

Reformada en varias ocasiones, conserva sus patios,su entrada trasera con cancela de hierro, la fachada con sus antiguas rejas y el portal principal con el zaguán de azulejos y las puertas de clavos; lo que nos refleja la arquitectura típica conservada a través de más de un siglo.

Alojarse en CASA DE LAS PIEDRAS es revivir la historia inmersa entre sus gruesos muros disfrutando de la tranquilidad que nos da el ambiente familiar charlando relajados al fresco de sus patios o al calor de la chimenea, con los propios dueños o con los demás clientes de diferentes puntos de España y nacionalidades, formando parte asi de un interesante  intercambio cultural ; empaparse de la historia  de este pueblo a través de la lectura que se ofrece en su pequeña biblioteca o deleitarse  con las pinturas expuestas  y  saborear tranquilamente una buena comida tradicional elaborada con estilo propio y usando productos autóctonos y frescos de temporada.

LA HISTORIA DE LA CASA Y DE LA FAMILIA PROPIETARIA
La Hospedería, situada en el centro del pueblo, es el resultado de la unión de varias casonas típicas de la vida señorial existente en los años de apogeo industrial que tuvo Grazalema durante la primera mitad del siglo XIX. Reformada en varias ocasiones, conserva sus patios, la entrada trasera, hoy con cancela de hierro forjado, la fachada, que  mantiene sus pórticos originales, uno de piedra tallada , en donde se pueden apreciar impactos de  balas ,testigos mudos de guerras pasadas, y otro de ladrillo recubierto que adorna la entrada de arriba abajo,  típicos de las casas  de familias nobles. Entre las antiguas rejas  se muestra una  con el escudo familiar de los propietarios originales, el cual sirve como logotipo de la empresa. En el  portal principal observaran el zaguán de azulejos tradicionales y las puertas de clavos; todo ello  reflejo de  la arquitectura típica conservada a través de casi dos siglos.

Estas casas tuvieron varias utilidades: además de servir como vivienda familiar  –  varias familias convivieron juntas durante la postguerra – ,  tenían sala para hacer las matanzas anuales de cerdos, almacén para salar y conservar sus productos, así como cuadras para caballos o burros que usaban como medio de transporte o bien en las tareas agrícolas. Cuando la industria textil estuvo en su apogeo, se instalaron en ellas algunas maquinarias para preparar  la lana que serviría para la elaboración de las codiciadas “mantas de Grazalema “ ruedas de molino que movían el agua para lavarla, baños para tintarlas, etc. Llegó a instalarse, incluso, una pequeña fábrica de chocolate. Además, algunos de sus salones sirvieron de comedores de beneficencia  durante la guerra civil. El patio trasero se usó  para la caballería y reunión de actores de la película “Carne de Orca”, rodada en Grazalema a principios de los años 50.

Cuando todo tipo de industria desapareció y ya después de  la postguerra, empezó a utilizarse como Fonda  con cama y comida para aquel que necesitaba venir hasta Grazalema por motivos laborales ( maestros, médicos, comerciantes, etc. ). A partir de los años 60 llegaron los primeros veraneantes, bien recomendados por el médico para enfermedades respiratorias o por el deseo, por parte de la clase pudiente, de pasar los veranos en un lugar más fresquito y tranquilo. De este modo empezaron a realizarse ampliaciones y reformas en la casa original. Desde principios de los años 80 Grazalema empezó a ser, además, punto de interés para los turistas interesados en el estudio o el deleite de la Naturaleza., habiendo sido ya declarada, el área de la Sierra de Grazalema, Parque Natural y Reserva de la Biosfera.

Fue en 1982 cuando, por jubilación, cambió de dueños y pasó a pertenecer a la familia García. Jacinto y Francisca con 4 hijos adolescentes. El, emigrante en Alemania durante 20 años, decidió volver a su pueblo y vender la casa que había construido a fuerza de sacrificios y con ello poder dar la señal para la compra de lo que pretendía que fuera el  futuro de sus hijos. Todos ellos gestionaron este establecimiento hasta el año 2000. A partir de entonces, estando ya casi todos los hijos casados y con la jubilación de los padres, una de las hijas, Caty García, junto con su marido, Rafael, y algunos fieles empleados que ya trabajaban con ellos, decidieron seguir con el negocio, aunque después de algún tiempo y muy a su pesar tuvieron que alquilar el Restaurante ya que suponía demasiada carga para ellos y mucha responsabilidad , teniendo en cuenta que Francisca había sido una cocinera totalmente dedicada a la cocina casera y elaborada lentamente. Hoy en día se enorgullecen de seguir  trabajando con las mismas ganas e ilusión con las que empezaron siendo unos niños, contando  actualmente también con la ayuda de sus 3 hijos.

Su objetivo es mejorar  cada día sus servicios y mantener la  actitud servicial que les caracteriza.. intentando  hacer a sus clientes participes de la vida del pueblo y de su familia misma  y  hacerles disfrutar de los beneficios que les brinda el entorno que  les rodea, procurándoles  en definitiva, una  estancia lo mas agradable posible.

Durante todos estos años la casa se fué dotando de más comodidades, ampliándola y reformándola  en 1986 y 1994. Actualmente cuenta, además de con las 20 habitaciones con lavabo  (5 baños compartidos) con las cuales  funcionó  hasta 1994, con 16 habitaciones dobles dotadas de baño y calefacción y algunas además con aire acondicionado; un amplio comedor anexo a uno de los patios; sala de estar con chimenea, TV y WIFI, en donde se ubica  una pequeña biblioteca  así como juegos de mesa que amenizaran sus tranquilas tardes de frio o lluvia.  Por otra parte, han ampliado este negocio en otro edificio, ya reformado en su totalidad,  con 6 aptos.  Totalmente equipados y situados también en la calle principal pero a la altura de la Iglesia San Jose, en la parte alta del pueblo, la cual tiene un encanto especial y unas vistas espectaculares.

PREMIO  GRAZALEMA  SIGLO XXI “ALOJAMIENTO MAS CONSOLIDADO“ 26 DICIEMBRE 2002

Ha sido un largo camino recorrido desde que en 1979 nuestros padres decidieron volver a su pueblo y tuvieron el valor de arriesgarse a invertir el dinero que no tenían, para empezar a labrarles un futuro a sus hijos.

Por entonces a Grazalema sólo venían nuestros fieles veraneantes, algun que otro montañero aventurero o los que por problemas de salud lo necesitaban. Unos años después empezó a venir el primer grupo de botánicos ingleses buscando nuestra singular flora. A su monitora Ros Evans la recuerdo con mucho cariño.

En todos estos años de lucha diaria ha habido muchas personas que han estado a nuestro lado y nos han apoyado siempre. Por eso no podíamos dejar pasar la oportunidad que nos brinda la ocasión para agradecer a los que han trabajado día a día con nosotros, en los buenos y malos momentos  Toñi, Elvira, Ana María, Rafi ……..y todos los demás que aunque no nombro también recordamos. Por supuesto también a todos nuestros clientes, algunos de ellos nos conocieron cuando todavía éramos niños empezando a trabajar y a conocer la vida :  Emilia Carrasco, José Cortabarría y Elena, Ángel Perdiguero y María Gómez, Gerardo Guidera y Bárbara, y muchos más…A todos estamos agradecidos por entender nuestros errores, porque siempre nos impulsaron a seguir adelante con ilusión  y porque nos enseñaron a confiar en nosotros mismos. También a los que como, ahora vecino nuestro, el señor Gines Serran Pagan, en aquella fiesta del toro de 1984 nos pidió el libro de reclamaciones.

Ellos nos han ido enseñando nuestro oficio. Hace unos días hablando por teléfono con doña Francisca, Paula Contreras, como ustedes la conocen, recordábamos la primera vez que nos visitó en 1981-82, con su marido, que padecía del corazón y ella de los bronquios, pues fuimos a colocarlos precisamente a la habitación más alta y más pequeña que teníamos…..las ganas que le entraron de coger la puerta ¡!!!…sin embargo aquí se quedó, contándonos historias de gentes sin historias  y enseñándonos a valorar todas las pequeñas cosas de la vida. Como olvidar a  Juan A. Espejo, que convertía nuestro ir y venir diario en seguidillas, alegrías y fandangos. Escritos que guardamos como oro en paño. También agradecemos el cariño y el contacto continuo de nuestros familiares y amigos a los que siempre hemos tenido en un segundo plano por falta de tiempo para atenderlos. A mi marido y a mis hijos, por creer siempre en mi y tener tanta paciencia; a nuestro  abuelo por venir cada temporada para ayudarnos a hacer la carne de membrillo que servíamos de postre a nuestros clientes  y por su fuerza de voluntad que le ha llevado a acompañarnos durante casi cien años; a Juan Naranjo, porque fue el impulsor de nuestra ampliación y por contagiarnos entusiasmo como Edward, que llego hace casi dos años y nos transmite cada día tranquilidad, alegría y nuevas ideas con sus críticas. A nuestros vecinos todos, igualmente gracias. Ellos han sabido soportar los pros y los contras de la invasión turística y siempre han tenido una buena recomendación para los que nos visitan. Agradecidos por supuesto también a los distintos organismos públicos y privados que confiaron en nosotros y principalmente a nuestro alcalde, Antonio Mateos,  por luchar  por nuestro pueblo, aunque nunca lo haga a gusto de todos y como humano se equivoque.

Juntos hemos llegado hasta aquí gracias a nuestro esfuerzo, trabajo y  sacrificio, como bien nos transmite nuestra junta de gobierno en el díptico que hemos recibido hace unos días y de todos depende que sigamos trabajando con ilusión.
Por eso invitamos a reflexionar a todos los grazalemeños que quieren trabajar, en especial a los jóvenes. Como dicen nuestros padres, – el trabajo es salud  – y me permito aclarar, salud física y psíquica si lo hacemos con alegría, entusiasmo y ganas de progresar ( y no sólo económicamente); como también es causa de ansiedad, frustración, aburrimiento o decepción si trabajamos sin convicción ni ilusión alguna. El trabajo bien hecho es una manera de expresar nuestra personalidad, desarrollar nuestra energía y dejar así nuestra huella en el mundo.

Por último, gracias a nuestros padres que han sacrificado su tiempo y su vida y han pasado tanto para poder inculcarnos todo esto.

Caty Garcia y Familia